rápido

Este es mi momento de voracidad consumista: estoy en la 5º Avenida de Nueva York, frente a H&M, una tienda de ropa sueca que tiene la capacidad de hacerme feliz por menos de 200 dólares. Cruzo la puerta. Me enfrento a tres pisos de goce y de culpa. Rihanna me aturde y me incita. Busco los bolsos que inventaron para que nadie tenga que cargar con perchas y más perchas. En el camino veo una remera con la cara de Patti Smith. La agarro. Doce dólares. Al lado otra con la lengua de los Rolling Stones estampada. Miro el talle. M. Ni siquiera miro el precio. Ya es mía. Doy con los bolsos. Agarro uno y deposito las dos remeras adentro. Me topo con un montón de pantalones. Pienso que necesito uno negro. Agarro un talle 38 y otro 36. Creo que estoy más flaca. Elijo uno caqui de otro modelo. Las escaleras me llevan al subsuelo. Aprovecho el tiempo muerto y hago una lista mental de lo que necesito: ropa interior, medias cortas, medias cancán, un vestido negro multiuso, un par de polleras para ir a trabajar, buzos abrigados, balerinas negras. Llego a destino. Hay un montgomery gris que me llama. Busco un espejo. Me lo pruebo. Me encanta y no lo necesito. Busco la etiqueta para ver de qué está hecho. Poliéster. Obvio. Made in Bangladesh. Sé que estoy contribuyendo con la explotación, con el trabajo infantil y con la contaminación. Pero no es el momento para pensar en el mundo. Pienso en mí. Sale 60 dólares. Va directo al bolso. Me cruzo con la sección de ropa interior. Tres bombachas por 15 dólares. Agarro dos packs. Hago lo mismo con las medias. Intento no distraerme con los corpiños. Son demasiados. No sé cuál es mi talle. No entiendo de copas y contornos. Veo que hay 40DDD, 38B, 34AA. Pienso cuál será el equivalente a mi triste 85. Salgo de ahí. En el camino hacia el piso que me falta manoteo tres polleras, dos camisas, un par de zapatillas que jamás voy a usar, un pañuelo, dos vinchas, un par de aros, una boina, unas ballerinas imitación cuero y un vestido negro talle S. Estoy transpirando. Busco un probador. Me desnudo, me miro al espejo, me deprimo. Pienso en algo lindo y me olvido de la celulitis que acabo de ver. Me pruebo los pantalones, las polleras, las camisas, las remeras, el vestido. Confirmado: no adelgacé. Sigo siendo talle 38 en pantalones y M en todo lo demás. Dejo las cosas que me quedaron mal. Me llevo el resto. Voy directo a la caja. Deposito el bolso lleno de cosas frente a la cajera. Me sonríe mientras hace su trabajo. “Son 198 dólares” dice en inglés. Soy feliz. O al menos eso creo.

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One thought on “rápido

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