mis marcas

la veo. cada vez que me desvisto. cada vez que me baño. está ahí desde hace no sé cuánto. lo que sí sé es que no siempre estuvo.

hubo un tiempo en que mi panza era chata y no tenía pliegues. heredé de alguien, supongo que de mi madre, unos buenos abdominales. y aunque mi desempeño en los gimansios siempre fue bastante mediocre (hasta que cumplí 30, he ahí la razón de este blog) mi zona abdominal era —debo reconocer que lo sigue siendo— uno de esos pocos orgullos corporales.

mi panza sigue siendo bastante chata o eso es lo que me hacen creer. pero resulta que los rollos y sus marcas empezaron a aparecer sin que pudiera hacer mucho al respecto. tengo cinco marcas. sí, cinco. hay cuatro a las que les tengo cierto cariño. no me molestan. las banco. hasta me causan gracia. pero hay una que odio. uno que va más allá de esos pliegues que vienen con el sentarse mal, con los pliegues obvios que tiene que tener una barriga normal (normal para una mujer que no trabaja con su cuerpo y que, con mucha, suerte se ejercita tres horas semanales y sube y baja cinco pisos por escalera, creyendo que eso va a ayudar).

ese quinto pliegue —ese que miro, inspecciono y hasta mimo como suplicándole que desaparezca— es un signo del paso del tiempo. una advertencia clara que me dice: “nena, ¿qué te pensás? ¿que años y años de darle sin pudor al chocolate, los bizcochos, el pan con manteca van a seguir yendo directo a las piernas, a la cola y a las caderas? no, nena. ahora va todo para todos lados. a tu barriguita también. la genética es buena, pero no tanto”.

por suerte existe lena dunham y su serie “girls” (por favor que llegue la tercera temporada, YA!). que nos ha mejorado la autoestima a millones de mujeres. y sí, entiendo que le gusta provocar. y sí, entiendo que tanta neurosis no es apta para cualquiera diría una gran amiga. pero qué bien hace verla con esos shorcitos filmada de atrás con su celulitis, sus rollos, sus brazos impresentables. durante mi verano de altas dosis de “girls”, gin tonics y chocolate de emergencia, no podía parar de pensar: por una televisión con más lenas dunhams y menos silvinas lunas, jesicas cirios y todas esas tilingas con cuerpos de un millón de dólares.

(momento de confesión: tal vez, si tuviera un millón de dólares extras o un poco menos, yo también lo invertiría en mi cuerpo)