no es fácil

crecer. madurar. entender. escuchar. esperar. callar. dar. pedir. perdonar. olvidar. creer. amar. perdurar. 

he aquí un lista de verbos que dicen poco (o tal vez demasiado), pero que en este año tan místico (o por la simbología del 13 o porque parece ser el año de la serpiente para el horóscopo chino) han cobrado una relevancia más que trascendente para mí. 

de verdad admiro a quienes ejecutarlos, sentirlos, vivirlos les resulta sencillo o no tan complejo. 

elogio de los diez quilos de más

ella llegó. vino con su clásico taconéo, simpático, no muy sexy. estaba distinta. igual de nerviosa, pero mucho más despreocupada. su cara ya no estaba tan chupada como la habíamos visto la última vez. ahora sus pómulos no estaban tan marcados, su piel no se notaba tan tirante. un año le fue suficiente para dejarse llevar y engordar lo que el cuerpo le pedía. en su tamaño pequeñísimo no fue mucho, solo diez quilos. diez quilos que los lleva de maravilla y se enorgullece de ellos. 

saca de su cartera un paquete de galletitas, dos paquetes de galletitas, una tableta de chocolate, dos tabletas de chocolates. se jacta de haber conocido los mejores snacks de ese país lejando en el cual vivío durante doce meses. no sé si son los mejores, pero sin duda son geniales. devoro sin pudor todas las calorías que una inesperada tarde de marzo me permite. no soy la única. por suerte, en la oficina, cuando hablamos de comer, todas nos entendemos bien. 

mientras, ella nos explica que, en ese país lejano, la obsesión por la flacura que tenemos en el maldito río de la plata no existe. una vez me lo habia dicho: “no sabés cómo les gustan las caderas latinas acá”. allá las mujeres son altas y grandes. todo indica que su belleza no radica en humillar con una colaless al saltar las olas en la playa (ahí no hay photoshop que valga) y que su felicidad pasa por reírse de la balanza. nadie dice que no sean saludables, que se regodeen en el sedentarismo o que vivan comiendo junk food. no, no es así. ella, recién llegada de un país que se podría parecer bastante al nuestro, con sus diez quilos de más y su sonrisa luminosa, me mostró sin hablar demasadio que, a veces, hay que ver las cosas con perspectiva para volver a ser feliz. y que si en ese camino se engordan unos quilos… mejor!