Estoy cansada de que me mientan

Me cansan las publicidades de todos estos productos que ¡oh casualidad! salen en esta época del año y que me mienten a cara de perro con frases tipo: “resultados garantidos en 20 días”, “cinco centímetros menos”, “desarrollado en base a 50 patentes”, “100 mujeres lo probaron”. Me los compraría a todos, a ver si alguno me está diciendo la verdad, pero no la veo.

Me cansan las celebridades que, como si una fuera idiota, te dicen que bajaron 20 quilos siguiendo solo tres reglas: comer un desayuno polenta, tomar agua y jamás refrescos y comerse alguna cosita tipo barra de cereales de tarde. Kelly Osbourne me encanta tu nueva versión fashion, pero tu mentira es muy descarada.

Me cansan las argentinas y las bellezas hollywoodenses que nos quieren hacer creer que nacieron así. Sí, es verdad, la genética no se compra, pero todo lo demás si. Todo bien con que Beyonce después de dar a luz perdió 27 quilos comiendo solo lechuga o que Kate Hudson lo hizo haciendo seis horas de ejercicios diario, pero no me digan que no tuvieron una ayudita extra.

Me cansan las mujeres que, notoriamente, están mucho más flacas y cuando les preguntás: “¿cómo hiciste?” te declaran: “mucha gimnasia porque dieta no puedo hacer”. Obvio que también están haciendo dieta y no te lo quieren decir. ¿Dónde quedó la solidaridad de género?

Me cansan los que declaran que si hacés ejercicio no necesitás cuidarte en las comidas. Claramente nunca hicieron ejercicio y se clavaron una picada suculenta, dos platos de ravioles, un bis de flan y un limoncello como bajativo el último domingo.

Me cansan los probadores y esas luces que te destrozan la autoestima al instante. En un desgraciado reflejos los ves a todos. Sin filtro. Ahí están los pozos, los rollos, las estrías, la retención de líquidos, todos juntos y sin anestesia. Dicen que los peores probadores de Uruguay son los de Si Si, pero no son los únicos. ¿Quién los diseñó? O una flaca de 20 sin un pozito amenazante o un hombre. Otra no hay.

Me cansa el “estoy gorda” fingido. Me cansa el “estás flaca” envidioso.

Mal día para correr

Domingo. 11 am. 25 grados. 100% de humedad. Niebla que hace imposible ver Kibón desde Avenida Brasil. 3.000 mujeres vestidas de fucsia + la perra de Laetitia d’Arenberg, también vestida de fucsia. Comunicadora recién parida arenga a la masa e invita a hacer coreografía de calentamiento. Suena Sergio Dalma y después el coreano del pasito del caballo (a unos pocos quilómetros la flamante estatua celeste, de otro coreano, le da la espalda al evento). De fondo se escuchan 3.000 voces más la de los 3.000 acompañantes. Un deleite. Flashes y más flashes. Tweets, mensajes de Facebook y un estado de excitación insoportable.
11.30 la masa de remeras fucsias se empieza a mover entre la niebla. Sorpresa. Más que una carrera es una correcaminata como aquella que organizaba Montevideo Shopping, cuando las carreras no eran el último grito de la moda deportiva. El pelotón trota un poquito y camina otro poco. Hay familia alentando, vecinos alentando, novios/maridos/amantes alentando, personal de McDonald’s alentando. Con tanto aliento me siento como si estuviera corriendo una ficticia maratón rosada de Chicago. Para mí 5km es mucho, pero jamás imaginé que para las casi 3.000 mujeres restantes era muchísimo. Las que corren de verdad no van con el pelotón. Se despegan rápido y se la toman en serio. No es EL programa de un domingo inmundo de octubre. Hacen 18 minutos, 19, 20, como mucho 24. Yo, con mi marca mediocre de 40 minutos, hice 38.50 y llegué en el puesto número 474∫∫. Llegué destruida, después de una agotadora y desafiante subida. Me dieron una medalla y de yapa un vale por un McWrap (que vence el 31 de octubre). Volvió a sonar Sergio Dalma, hubo coreo de estiramiento y lentamente la rambla volvió a la normalidad. La remera de Topper quedará de recuerdo y a partir de ahora la veremos en los distintos circuitos gimnásticos de acá a la próxima carrera.

Los peligros de correr con el viento a favor

1. Te pensás que por fin entendés lo que quiso decir el iluminado que inmortalizó la frase: “agarrar viento en la camiseta”, pero cuando das la vuelta para volver te das cuenta de que el tipo jamás tuvo que regresar a casa y jamás corrió con viento en contra.
2. Supones que si pudiste correr 6.5 km una vez los vas a poder correr siempre. Lo que no se te ocurrió es que la próxima vez que salgas va a haber 99% de humedad, va a ser feriado y todo el mundo va a estar mateando (y molestando) en la rambla, no vas a tener ni un segundo de viento a favor.
3. Te sentís liviana, ágil, rápida. Sentís que podés y que bajaste tu mediocre marca. No te engañes. Salvo que te encuentres otra vez con un viento a favor similar, nunca más te vas a sentir así.
4. Te creés que, ahora sí, no te cuesta tanto correr del mojón 6.000 al 5.500. Dos apreciaciones. Como bien lo dice Gonzalo Cammarota (y lo reafirman los que entienden de correr y de distancias) en la revista “Running” que salió con “El Observador” hace unas semanas: los mojones de la rambla están, en su mayoría, mal puestos; algunos son más cortos, otros más largos. Esos 500 metros parece que son 600, de ahí que cuesten más. Si cuestan menos es porque el viento corre de tu lado.

cosas que no me ayudan a correr

el olor a fritanga de che montevideo; pensar en que si murakami pudo escribir un excelente libro sobre el correr, yo puedo escribir un blog mediocre al respecto; la humedad; el viento; el no viento; la distancia entre el mojón 6.000 y el 5.500 ida y vuelta; no poder aumentar el ritmo; cruzarme con un entrevistado; cruzarme con un ex compañero de colegio; cruzarme con el estereotipo de grupo de jugadores de liga universitaria que corre sin sufrimiento, como mi novio, que mientras yo hago 1km, él va y viene sin transpirar; saber que tantos años sin mover ni un músculo no vinieron solos; el olor a fritanga de el viejo y el mar; las flacas que corren; las flacas que caminan; las flacas; la gente que corre con sus perros; la señora que corre de converse y va más rápido que yo; mis amigas madres que cada vez que amamantan pierden 600 calorias, muchas más que las que yo pierdo por este esfuerzo sobrehumano; mi madre diciéndome: “no es bueno correr”; la gente que se cree que manuela da silveira empezó a correr para preparar la media maratón de san fransciso (manuela corrió toda la vida, por eso puede correr una media maratón); el ipod shuffle que siempre me tira las mismas canciones; pensar que en este momento mis brazos no se ejercitan cuando claramente también necesitan ejercitarse; creer que no voy a llegar al final; saber que 45 minutos para 5.5 kms es una marca malísima; que así no me puedo presentar ni a la 5km de mcdonald’s solo para mujeres; que con razón hacen carreras solo para mujeres; que tendría que haber nacido en jamaica o en maldonado como déborah; tener la certeza de que el día que deje de hacer esto voy a volver a ser un tanque australiano o un tanque de guerra o Gladis la bomba tucumana, no sé qué es peor; pensar tanto y darme cuenta de que ahí está la razón de todos mis males.